14 de junio de 2014

Si regresáramos a la infancia, comprenderíamos el mundo

  
 El mundo, tal como lo vemos siendo adultos, nos desconcierta. Defrauda nuestras expectativas que tenemos con respecto a casi todo. A un niño en cambio, lo asombra. Capta la vida tal cual es, sin importar a dónde quiere ir; simplemente va.
   Si renunciamos a nuestra espera ilusoria de lo que "debería ser" y nos acercamos un instante a lo que "es", tal vez halláramos la chispa de la inocencia, a través de la cual hemos comenzado a vivir.
   Alguna vez he mantenido esa "chispa" por más de un instante. Y cada vez son más los instantes en que consigo mantenerme en la inocencia; es cuando no pienso. Cuando la mente descansa, el corazón sabe por sí mismo. Y aunque sólo sepas que eres "tú mismo", ya sabes bastante más de lo que saben muchos grandes pensadores.
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